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“Si tomas en cuenta los tres mandatos, el de sustentabilidad, el de usar energías renovables para generar electricidad y el de disminuir las emisiones contaminantes del sector eléctrico, los tres fueron ignorados por las autoridades”, dice Luis Miguel Cano, abogado consultor de la organización.
Un juez federal especializado en materia de competencia económica otorgó una suspensión provisional dentro de un amparo promovido por Greenpeace en contra de la política de confiabilidad de Sener, publicado el 15 de mayo, y otro publicado por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), el 29 de abril.
Las autoridades argumentan que estas medidas buscan poner un “orden” en el ingreso de las centrales eléctricas en el país y evitar fallas en el sistema eléctrico por la caída de la demanda causada por la epidemia de la COVID-19.
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Pero el sector privado, analistas y asociaciones han visto este movimiento como una táctica del gobierno para desplazar a las centrales privadas y favorecer a las de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
El grupo ambientalista acusa que este desplazamiento de proyectos renovables puede incrementar el uso de centrales convencionales, que incluye desde hidroeléctricas hasta las que queman combustóleo.
“Esta suspensión es para que el acuerdo y la política, todo, no surta efecto. Y no solo en lo que toca a Greenpeace. No pueden hacer ya nada las autoridades ¿Esto acaba beneficiando a las empresas? Pues sí, pero lo que pedimos es que beneficie a todo el país”, dice Cano.
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La ONG no pretende proteger a los proyectos renovables per se, y recalca que apoya a varias demandas sociales frente a algunas centrales, donde las comunidades acusan que se han visto violentados sus derechos.
“No podemos dejar pasar esta política de confiabilidad y el acuerdo del CENACE porque, si lo hacemos, cuando peleemos por los proyectos comunitarios de electricidad simplemente nos van a decir que no son confiables, y nunca jamás nos los van a permitir”, dice el activista.