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Criptomonedas y señoraje

La capacidad del nuevo instrumento para adquirir bienes y servicios, manteniéndose en volumen constante cuando se calculó el monto a emitir, altera los precios e incidirá en la inflación.
vie 25 noviembre 2022 06:06 AM
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Las criptomonedas inciden y alteran el valor de los agregados monetarios, generando un efecto multiplicador de medios de cambio que los bancos centrales o autoridades monetarias deben tener en cuenta, señala Gabriel Reyes.

(Expansión) - Hace tanto tiempo que se impuso, que se nos olvida que una de las principales fuentes de ingreso del Estado fue el denominado señoreaje. Así es, Grecia, Roma y todos los imperios antiguos establecieron como básico e imprescindible monopolio la capacidad de crear dinero. La diferencia entre el valor de las piezas, acuñadas o impresas, y el valor facial de ellas representa un importante ingreso. Al ponerles en circulación, el emisor realiza esa utilidad, ya que compra bienes y contrata servicios con un medio de cambio que sólo él produce.

Los tributos, transformados en contribuciones, así como el cobro por servicios que el estado reserva para prestar de manera preponderante o exclusiva, conforman, junto con la capacidad de ejercer el crédito de la nación, los ingresos que permiten al Estado sufragar su operación, funcionamiento y mantenimiento.

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Durante siglos, no se puso en duda la necesidad de un medio que, sin los avatares del esfuerzo recaudatorio, llena los bolsillos de los gobiernos. Recordemos que, al exceder el volumen técnicamente responsable de moneda en circulación, los estados penetran el bolsillo de los ciudadanos, haciendo que su patrimonio sea mermado, sin que exista medio de defensa u oposición que ellos puedan oponer. La moneda permite al gobernante transferir riqueza al sector público.

Las criptomonedas, salvo en el caso de China, han retado ese viejo y poderoso monopolio. El RMB del gigante asiático merece especial y amplio análisis, dado que representa la posición de vanguardia en dinero digital, al cual, dedicaremos posterior comentario.

En primera instancia, debemos decir que, al igual que los pagarés y letras de cambio de la edad media, estas figuras que representan valor inciden y alteran el valor de los agregados monetarios, generando un efecto multiplicador de medios de cambio que los bancos centrales o autoridades monetarias deben tener en cuenta. La capacidad del nuevo instrumento para adquirir bienes y servicios, manteniéndose en volumen constante cuando se calculó el monto a emitir, altera necesariamente los precios, y, eventualmente, incidirá en la inflación.

Por otro lado, existen diversos retos para las autoridades, ya que al igual que los instrumentos del medioevo, quien trafica con ellos lo hace confiando, por referencia comercial, en el generador o emisor, ya que su valor depende de la demanda. No se trata de un activo con valor intrínseco, ni representa un patrimonio o balance respaldado. No existe calificación, ni valoración de la capacidad de soporte, por lo que, como sucedió hace siglos, todo el sistema está sustentado por un eje fiduciario, tan fuerte o tan frágil como la convicción de continuidad y permanencia que resida en los tenedores.

Así es, por novedoso que parezca, en su esencia, la idea o concepto no es tan novedoso, solo se aplicó tecnología a un concepto milenario que encuentra ventajas en la creación de un sucedáneo del dinero, escapando al control, rastreabilidad y demás características y restricciones propias de un medio creado, de manera exclusiva, por el Estado.

 

En el mundo moderno, no es la capacidad de poder viajar sin dinero, ni la comodidad de almacenar riqueza sin tener que resguardar caudales bajo propio riesgo, lo que hizo emerger a las criptomonedas, sino la conveniencia de crear, transferir y ocultar meros registros electrónicos, ajenos a cualquier regulación. Les permite escapar de las acciones tradicionales de fiscalización impositiva, seguimiento del incremento patrimonial y, en general, de tener que dar cuenta del origen de la riqueza.

Guste o no, el crecimiento de la economía informal, incluyendo el enorme agente generador de caudales que es el crimen organizado, será factor decisivo en la proliferación del instrumento, pero los Estados, como lo ha demostrado China, tienen la última palabra.

Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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