Los años posteriores fueron decisivos en el aumento del poderío de Vladimir Putin y su distanciamiento con Occidente. Más de un líder del G7 se habrá preguntado si fue buena idea expulsar a Rusia. ¿Su permanencia habría permitido construir mecanismos de negociación que evitaran conflictos como la invasión a Ucrania? Eso nunca lo sabremos. Lo que está claro es el progresivo deterioro en las relaciones entre ambos bandos.
Los temas relevantes de la agenda global y los principales retos que enfrenta la humanidad han estado presentes en la mesa de discusión de las siete potencias económicas que conforman este grupo: Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá. Después de medio siglo de haberse constituido y pese a la reconfiguración económica y geopolítica que ha ocurrido en nuestro planeta, la exclusiva membresía del G7 se mantiene inalterada. La única variante es la participación de la Unión Europea como miembro no numerario, pero con un peso político importante.
El impacto del G7 en el curso de la historia contemporánea ha presentado altibajos. Las tormentas financieras de las últimas décadas, en particular la crisis subprime iniciada en 2008, puso contra las cuerdas a estas naciones y las obligó en varias ocasiones a alinear sus políticas monetarias para evitar el descarrilamiento del sistema financiero internacional. Los escenarios álgidos y complicados son los que más favorecen el acercamiento y la coordinación de acciones del G7. Es cierto también que los países miembros mantienen un diálogo frecuente sobre los temas cruciales que impactan a nivel mundial, pero sus acuerdos son más visibles frente a la emergencia, y cada vez más insuficientes para asegurar soluciones duraderas.
Actualmente la riqueza de estos países representa más del 45% del PIB mundial y solo el 10% de la población total. Su peso en la economía global es indiscutible pero también decreciente. El G7 llegó a representar el 75% del PIB mundial. Sus integrantes forman parte de los principales organismos económicos internacionales y sus posturas en materia de seguridad internacional suelen estar alineadas a la política estadounidense. Como en las mejores familias, hay desacuerdos y roces, pero este compacto bloque coincide en aspectos esenciales, tales como: la permanencia de un modelo de economía de mercado, la defensa de la democracia, la contención de China y Rusia, y la necesidad de cerrar filas frente a las amenazas provocadas por Estados considerados terroristas o al menos enemigos de la democracia.