“Los analistas en general queremos entender dos cosas: La velocidad y la profundidad para atender a la crisis (…), ver qué puntos de tu estrategia estás dispuesto a sacrificar para reaccionar al contexto”, dice Pablo Zárate, especialista de la firma FTI Consulting.
Pero todas estas medidas parecen insuficientes para confiar en que la empresa logrará mitigar el impacto de la crisis energética y sanitaria. El rumbo de la empresa y de la política energética del gobierno apunta a una meta donde producir más productos, como crudo o combustibles, está por encima de generar utilidades o, al menos, reducir las pérdidas.
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“Por sí solo el panorama es casi de un cataclismo. Pero si le agregamos la situación que arrastra la empresa, que es la más endeudada del mundo, es difícil imaginarse una tormenta más perfecta para Pemex” , dice Adrián Calcaneo, analista de la consultora IHS Markit.
Pemex esperaba llegar a este reporte de sus finanzas en los tres primeros meses del año con un precio del petróleo que rondara al menos los 49 dólares por barril, según las estimaciones que se hicieron a finales del año pasado. Pero la pandemia del coronavirus ha destruido por completo esa expectativa. Aunque enero aún superó esta cifra con 53.90 dólares por barril, para febrero ya estaba por debajo con 45.39 dólares y en marzo cerró en 23.37 dólares por barril.
“El primer efecto que veremos será cómo han impactado la caída de precios a los ingresos de Pemex, que venían con cierta debilidad incluso desde noviembre; y donde la producción de petróleo de la empresa se ha mantenido casi sin cambios ”, apunta Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC.
Pemex contrató un seguro sobre 243,000 barriles promedio diario para proteger parte del precio que esperaba para este año, pero la cobertura ha mostrado que será insuficiente para cubrir el hueco que dejará en sus ventas, debido a que tienen un límite en el valor a pagar por quienes aceptaron la apuesta.
La reducción en las inversiones en su presupuesto tampoco parecen suficientes si se comparan con las realizadas por las grandes petroleras del mundo que han aplicado correctivos más severos tanto a nivel de gasto en capital como en recorte de personal, apunta Calcaneo.