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OPINIÓN: ¿Francia hizo bien en prohibir los smartphones en escuelas?

Esta ley draconiana, que afecta a niños franceses de entre 3 y 15 años, es el resultado de una promesa de campaña del presidente Emmanuel Macron, comenta Michael Bociurkiw.
Smartphones
A pesar de la medida, no hay política, ya sea en casa o en la escuela, a la que un adolescente decidido no pueda darle la vuelta

Nota del editor: Michael Bociurkiw es analista de asuntos internacionales. Actualmente trabaja en su primer libro sobre la adicción a los dispositivos electrónicos y a las redes sociales. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - Los estudiantes de educación básica y media de Francia regresaron el lunes 3 de septiembre a las aulas sans smartphones. Una nueva ley les exige que dejen estos dispositivos adictivos en casa o que los tengan apagados durante toda la jornada escolar.

Esta ley draconiana, que afecta a niños franceses de entre 3 y 15 años, es el resultado de una promesa de campaña del presidente Emmanuel Macron, quien al igual que otros líderes europeos, considera que los dispositivos son un azote tecnológico con el que hay que lidiar a través de leyes severas. Es parecida a las otras leyes que se han implementado en otras jurisdicciones europeas como la región española de Castilla-La Mancha, que en 2014 implementó una prohibición para poner fin a la "batalla diaria" de los maestros con los estudiantes.

Al implementar la ley, con la que se extiende una prohibición existente con el fin de incluir los recesos y la hora de las comidas, los legisladores franceses seguramente tenían en mente investigaciones como la que llevó a cabo la London School of Economics en 2015 , donde se llegó a la conclusión de que las escuelas en las que se prohibieron los teléfonos tenían estudiantes con las calificaciones más altas.

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Las autoridades francesas esperan que la prohibición sirva para que los chicos cambien las pantallas por actividades saludables en el patio o para que participen en el coro de la escuela. Según algunos reportajes, el ministro de Educación de Francia, Jean-Michel Blanquer, dijo que "en estos días, los niños ya no juegan a la hora del recreo, solo están frente a sus smartphones y desde el punto de vista educativo es un problema".

En mi opinión, esta política francesa es retrógrada y podría dejar a los estudiantes franceses congelados en la Edad de Piedra tecnológica. En vez de una prohibición, es mejor integrarlos a la didáctica e incentivar a los estudiantes para que no consulten las redes sociales durante la jornada escolar. Es más, es una política extremadamente hipócrita de parte de un hombre como Macron, quien se comprometió a transformar a Francia en una "nación de startups", que ha hecho grandes esfuerzos para enfatizar su postura respecto a la tecnología al invitar a altos ejecutivos de tecnológicas a París y que incluso posó en su retrato oficial con dos iPhones.

En los muchos meses que he dedicado a la investigación para mi próximo libro sobre la adicción a los dispositivos electrónicos como crisis de salud mundial, me he dado cuenta de que está claro que no hay política, ya sea en casa o en la escuela, a la que un adolescente decidido no pueda darle la vuelta. En mis conversaciones con padres de familia de muchos países, he descubierto que la necesidad de que los padres y sus hijos estén en contacto en estos tiempos de incertidumbre (especialmente en Estados Unidos, con tantos tiroteos en escuelas) hace intolerable la prohibición al uso de los dispositivos en las escuelas.

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De hecho, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, derogó una prohibición al uso de smartphones que afectaba desde hacía una década a alrededor de 1.1 millones de estudiantes con el argumento de que obstaculizaba "la paternidad moderna".

Diana Graber, escritora y maestra estadounidense, me dijo que a los estudiantes les beneficia tener acceso a la tecnología en las aulas. "Soy maestra y odio que los dispositivos distraigan a los alumnos en clase. Pero en el caso de los chicos mayores hay beneficios en aprender a usar la tecnología sabia y conscientemente. Los dispositivos son grandes herramientas de investigación y se pueden usar como calculadoras, herramientas de documentación, para tomar notas o para ver o crear videos educativos".

Es obvio que hay que integrar la tecnología a las aulas sabiamente, aunque no faltan los maestros que se sienten frustrados por la intrusión de los teléfonos con sus alertas y sus funciones distractoras.

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Larry Rosen, psicólogo investigador y profesor universitario emérito, dice que la capacidad de los estudiantes para escuchar una conferencia mientras miran la pantalla de un smartphone activo no es tan buena como muchos estudiantes creen. Hace unos meses, pasé dos días observando a sus estudiantes en una sala de conferencias de la Universidad Estatal de California en Dominguez Hills. Muchos tenían una laptop, un smartphone o una iPad con chats u otros programas activos mientras Rosen daba una conferencia sobre los peligros de hacer varias cosas a la vez. No podían dedicar toda su atención a la conferencia.

Rosen dijo que pese a sus observaciones, está decididamente en contra de las prohibiciones totales como la que entró en vigor en Francia. Argumenta que el fenómeno del miedo a perderse de algo y la dependencia a su teléfono (nomofobia) causan mucho estrés en los estudiantes. "Vas a perder el cerebro de los chicos… la forma adecuada de hacerlo es darles acceso periódico a lo largo del día. Destinar tiempos para la tecnología".

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Al parecer, ese enfoque es cada vez más popular entre los maestros, quienes creen que no pueden competir con los poderes seductores de los smartphones y las aplicaciones de redes sociales.

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Joyce Moriana, maestra de Arte Dramático en la Academia Bishop Allen de Toronto (Canadá), dijo que los teléfonos son herramientas útiles para crear personajes, documentar tramas e interpretar textos. Una maestra de Educación Física de Toronto me dijo que hace concesiones a sus estudiantes y pone a su disposición una estación de carga en clase para que sus estudiantes no estén atentos a los dispositivos.

Ya sea en Estados Unidos, Suecia o Inglaterra, las políticas escolares respecto a los smartphones son variopintas: las directivas lo dejan a criterio de las escuelas y las escuelas lo dejan a criterio de los maestros. En vez de prohibir de plano los smartphones, las jurisdicciones deberían implementar cursos de alfabetización digital para que los estudiantes aprendan a funcionar en un mundo "siempre encendido". El temario de "civismo cibernético" que desarrollaron Graber y su equipo se está usando en más de 40 estados de la unión americana y en varios países.

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El impacto de los smartphones en los jóvenes tiene preocupados hasta a los desarrolladores originales. "Steve Jobs solía decir que la computadora era como una bicicleta para la mente. Con esa analogía —y dada su intimidad—, el smartphone es más parecido a un automóvil. Tiene un poder y una autonomía tremenda. Tienes que tener la disciplina y el entendimiento para saber cómo manejarlo", dijo Imran Chaudhri, diseñador de la interfaz original del iPhone.

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Me gusta el enfoque que adoptó la escuela Greenwood, un centro privado a la sombra de Silicon Valley al que muchos de los ejecutivos de las tecnológicas mandan a sus hijos: desde muy pronto les enseñan a los chicos los problemas éticos y de seguridad relacionados con el uso de la tecnología. La escuela incluso ofrece una clase de Química Orgánica en secundaria en la que los alumnos aprenden sobre el fenómeno comprobado de los picos de dopamina que los smartphones desencadenan en el cerebro.

A estas alturas, está bien documentado el daño que puede hacer el uso irrestricto de los smartphones… de hecho, Rosen me mostró investigaciones impresionantes sobre la forma en la que el cerebro "secuestra" al usuario de un smartphone cuando siente la urgencia de consultar las redes sociales, así que prohibirlos por completo en la escuela es miope y está condenado al fracaso.

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Concentrémonos en criar a la generación más joven para que sean ciudadanos competentes, capaces de lidiar lo mejor posible con las distracciones digitales de esta era. Los legisladores y las directivas escolares deberían ponerse de acuerdo y crear políticas uniformes basadas en resultados demostrados.

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Finalmente, si países como Francia van a prohibir de plano los smartphones en las escuelas, deberían asegurarse de preparar mejor a los estudiantes para vivir en la era digital… como si se tratara de manejar un auto en la autopista.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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