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OPINIÓN: El desenfoque mexicano en innovación y tecnología

México dedica solo el 0.5% de su Producto Interno Bruto (PIB) a las áreas de investigación y desarrollo, al mismo nivel que países como Tanzania, Uganda, Senegal y Botswana, comenta Dionisio Castillo.
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Las políticas públicas del gobierno favorecen otras necesidades que, cuestionables o no, absorben los recursos.

Nota del editor: Dionisio Castillo es CEO de Intelisis, empresa mexicana enfocada en tecnologías de información a nivel nacional, cuyo portafolio de soluciones se basa en las ERP (Enterprise Resource Planning) complementadas con la tecnología en la Nube. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) - ¿Quién le apuesta a la tecnología en el mundo? ¿Cómo se ve Latinoamérica frente a otros continentes? ¿Cuánto invierten los gobiernos en innovación y desarrollo? ¿Es viable democratizar el acceso a la tecnología a todas las industrias? ¿Cómo se avanza en los rankings mundiales? ¿Cómo nos enfocamos para contribuir con el desarrollo de nuevas tecnologías y cómo hacemos accesible la innovación a las empresas?

Cuando volteamos a ver la realidad de nuestro país en materia de innovación -comparado con otros lugares- todas estas preguntas se convierten en un dolor de cabeza, sobre todo para los gobiernos y la iniciativa privada que tienen el interés, necesidad y urgencia de avanzar en ese sentido.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), México dedica únicamente el 0.5% de su Producto Interno Bruto (PIB) a las áreas de investigación y desarrollo, al mismo nivel que países de África como Tanzania, Uganda, Senegal y Botswana.

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Si nos comparamos con otras naciones de primer mundo, es de preocupar en dónde estamos parados: Israel, Corea del Sur, Japón, Dinamarca, Finlandia y Suecia orientan más del 3% de su PIB a este importante rubro. Por ello las preguntas siguen surgiendo y aunque este tema resulta prioritario, las políticas públicas favorecen otras necesidades que, cuestionables o no, absorben los recursos.

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Ante esta realidad y en medio de un mundo revolucionado, sería un error considerar que el impulso a la ciencia y la tecnología es exclusivo de los recursos gubernamentales. Por ello, desde la iniciativa privada debemos apostar a dichos sectores y hacerlos accesibles a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que son el motor de diversas economías emergentes.

Dentro de los factores que debemos reforzar hay tres principalmente:

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1. Apuesta al talento local: De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el padrón de investigadores se quintuplicó en las últimas tres décadas; sin embargo, el número de ingenieros en las universidades no se ha reforzado lo suficiente. Como empresas, acerquemos las necesidades que tienen las industrias a los jóvenes, involucrémonos con quienes están descubriendo su camino profesional y abramos las opciones de nuevas carreras que cubran las necesidades técnicas y tecnológicas del país. Impulsemos y reconozcamos el talento nacional.

2. Actualización de tendencias mundiales: Mantengamos nuestros equipos actualizados y apliquemos a las certificaciones internacionales que permitan a las Pymes ser competitivas ante empresas globales. En decenas de sectores se está validando con mayor puntaje a aquellas firmas que -a reserva de su tamaño- apuestan a la especialización o profesionalización de sus áreas. Contribuyamos a que sus procesos sean sistemáticos, con el fin de que su planeación y crecimiento sea de forma orgánica.

3. Inversiones accesibles y sostenibles: Hagamos planes que económicamente sean viables para las necesidades del proyecto, inversiones que generen valor a cada uno de nuestros socios comerciales y que a la vez sean sostenibles. Debemos ser facilitadores para que una vez establecidas necesidades y procesos, las empresas solo cumplan con procesos de actualización.

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Esta fórmula, resulta exitosa para ambas partes porque el primero no depende de procesos externos (outsourcing) y el segundo –nosotros- tenemos oportunidad de capitalizar el recurso humano en investigaciones y desarrollos nuevos, satisfaciendo los dos principlaes puntos: talento y actualización.

Con base en lo anterior, también está la invitación permanente a que las autoridades apuesten más por la ciencia y la tecnología, a trabajar de la mano, porque aunque siempre habrá polémica por la asignación de presupuestos, enfrentamos una realidad global y Latinoamérica debe mantener su paso.

Es tiempo de apostar a esta nueva revolución industrial y tecnológica porque sólo así, elevaremos el desarrollo y la competitividad de los países.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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