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Un país sin ley es un país sin justicia

Son muy pocos los casos en los que dos personas coinciden con la misma visión de justicia, sobre todo si esa justicia se está dirimiendo entre ambas partes, apunta Jimena Cándano.
sáb 28 agosto 2021 07:00 AM

(Expansión) - “La justicia es al derecho como la estrella polar es al marino: nunca la alcanza, pero siempre lo guía”: Caspar Rudolf von Ihering.

La justicia, al igual que el sentido común, es de las cosas menos comunes que podemos encontrar. Una de las definiciones más comunes de este concepto es “dar a cada quien lo que le corresponde”.

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Creo que todos estamos de acuerdo en que “darle a cada quien lo que le corresponde”, es un ideal que parece ser correcto. La parte complicada es ¿quién define qué le corresponde a cada quién?

No es un asunto sencillo, hay tantas ideas de justicia como personas existimos, nuestra visión de justicia depende de nuestra educación, historia, vivencias y por supuesto, de nuestras realidades.

Son muy pocos los casos en los que dos personas coinciden con la misma visión de justicia, sobre todo si esa justicia se está dirimiendo entre ambas partes.

Por este motivo, nacen las leyes, bajo el precepto de obtención de justicia, construido y concebido a través de varias visiones, las cuales, teóricamente son imparciales, no tienen preferencias y no están pensadas para un caso concreto, sino para circunstancias específicas.

Las leyes son creadas, en teoría, por personas comunes y corrientes que son elegidas por el pueblo por considerar que los representan y ellos tienen la tarea de crear estas disposiciones legales, que serán aplicadas por el poder Ejecutivo o, en caso de controversia, el poder Judicial será quien las aplique para lograr la justicia.

No en todos los casos las leyes son justas y para esto también tenemos un poder Legislativo que puede reformarlas o un poder Judicial que puede declararlas inconstitucionales.

Este proceso se ha creado a través de los siglos para buscar la mejor forma de encontrar la justicia, precisamente porque ésta no puede recaer en una sola perspectiva, entendiendo la subjetividad que permea la decisión y criterio de una persona.

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La humanidad ya ha visto los resultados de los gobiernos autoritarios y en ninguno de los casos han sido buenos.

Por eso preocupa tanto oír hablar a un presidente y su grupo de violar la ley y hacer declaraciones tan graves como si la ley no es justa, a sus ojos, no se debe cumplir.

Para vivir en un Estado de orden se debe cumplir el Estado de derecho y si una ley no es justa recurrir a las instancias que la misma ley marca. Al poder Judicial o al Legislativo para cambiarla. Por ese motivo, existen las instituciones, así como los procesos establecidos para atender problemáticas o incidentes que propicien incumplimiento.

Entendamos algo que es clave: un país sin ley es un país sin justicia, un presidente que no respeta la ley nunca será un buen líder.

Nota del editor: Jimena Cándano estudió la licenciatura de Derecho en la Universidad Iberoamericana. Obtuvo el grado de Maestría en Administración Pública con enfoque en Desarrollo Comunitario y Transformación Social en la Universidad de Nueva York. Actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación Reintegra. Síguela en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

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