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Un campamento en Siria puede originar una generación de la venganza de ISIS

Al Hol es un vasto alojamiento para desplazados del antiguo territorio del Estado Islámico ha sido abandonado por la comunidad internacional conforme empeoran las condiciones de vida.
sáb 14 septiembre 2019 07:55 AM
Maternidad
Algunas de las mujeres de Al Hol están educando a sus hijos conforme los ideales de ISIS, mientras que otras tratan desesperadamente de mantener a sus hijos lejos del campamento.

AL HOL, Siria (CNN) — El mercado del campamento de Al Hol es un mar de personas vestidas de negro imposibles de identificar que sujetan las manos mugrosas de sus hijos mientras los arrastran por los puestos.

Un equipo de CNN se acercó a un grupo de mujeres iraquíes. Tras pedirles que hablen con nosotros, se desencadena un debate. "Hermanas, no digan nada", le advierte una de las mujeres al resto del grupo. "No, hermana, tenemos derecho de hablar", responde otra. Todas hablan al mismo tiempo y dejan salir un río de quejas. Los niños están empezando a robar. No tienen dinero. Las condiciones son pésimas. Quieren regresar a casa.

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Al Hol es un vasto campamento para los desplazados del antiguo territorio del Estado Islámico (ISIS) en el noreste de Siria . El viento inclemente azota las tiendas con arena bajo el calor abrasador del verano sirio.

Alrededor del 15% de los habitantes del campamento son extranjeros; sin embargo, la comunidad internacional ha abandonado este asentamiento desde hace varios meses. Conforme empeoran las condiciones de vida, la gente empieza a extrañar al gobierno de ISIS.

La población del campamento pasó de 9,000 a 70,000 luego de que ISIS librara su batalla final en el pueblo sirio de Al Baghuz, en marzo . Las semanas de batalla provocaron un éxodo de personas desplazadas, mayormente familiares de los combatientes de ISIS.

Alrededor de 50,000 de los habitantes del campamento son niños; del resto, la mayoría son mujeres. Son las únicas que aguantaron en los últimos días del "califato".

Aunque algunas de las mujeres han tratado desesperadamente de encontrar la forma de llevarse a sus hijos del campamento, muchas tratan de resucitar su utopía fundamentalista.

"Empezamos a notar que los recién llegados estaban muy bien organizados", dijo Mahmoud Karo, encargado de los campamentos del distrito de Jazira, en el noreste de Siria. "Organizaron su propia Policía moral. Están estructurados".

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Leyes draconianas

Bajo un manto de misterio, las habitantes radicales siguen aplicando las leyes draconianas del antiguo "califato".

Vigilan que las mujeres sean leales a ISIS y si sospechan que alguien está dejando de apoyar al grupo extremista, lo castigan. Se supervisa estrictamente el apego a los códigos fundamentalistas de vestimenta y a veces se imparten castigos letales a quienes desobedecen.

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"El campamento es el mejor lugar para el desarrollo del nuevo ISIS. Está habiendo una reestructuración del adoctrinamiento de ISIS", dijo Karo. "No puedes distinguir entre quienes son de ISIS y quienes no".

Karo explica que encontrar a los perpetradores es difícil. Es casi imposible identificar a las mujeres, cubiertas con el nicab. Se cambian frecuentemente de tienda para evitar que las capturen.

En un informe que publicó el contralor general del Pentágono en agosto, se advirtió que Estados Unidos y sus aliados locales no han podido vigilar de cerca los movimientos al interior de Al Hol. La reducción de la presencia militar estadounidense en la zona ha permitido que "la ideología de ISIS se difunda 'sin obstáculos' en el campamento", según el informe.

El extremismo crece en Al Hol al tiempo que empieza a haber indicios del resurgimiento de ISIS en otras partes de la región.

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Los ataques de ISIS en el noroeste de Irak, en donde el grupo solía gobernar sobre grandes territorios, son cada vez más frecuentes y el grupo se ha adjudicado otros ataques en la región en meses recientes.

Las condiciones de vida en el campamento, olvidado por la comunidad internacional, son cada vez más precarias. Los habitantes tienen poco acceso a atención médica, el agua escasea y la mayoría ha vivido en tiendas pese a las condiciones climáticas adversas.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, reconoció la tendencia y señaló, en agosto, que hay "lugares en los que ISIS es más poderoso hoy que hace tres o cuatro años".

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Las autoridades kurdas del campamento dicen que Al Hol es una "academia de ISIS". El lugar es una mezcla tóxica de personas decididas a incubar la ideología de ISIS y de personas que quieren dejar atrás el pasado.

La flagrante falta de interés internacional y el abandono han permitido que el extremismo florezca, de acuerdo con las autoridades del campamento.

Alrededor de 10,000 habitantes del campamento son extranjeros procedentes de otras partes de Asia, África, Europa y Norteamérica. Se ha repatriado a muy pocos. Llevarlos de vuelta a sus países de origen no es muy popular políticamente hablando en Europa y en otros países.

'Con los infieles'

Las mujeres del mercado del campamento dicen que su prioridad es conseguir que liberen a sus esposos o hijos adolescentes detenidos por las Fuerzas Democráticas de Siria.

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"Les digo a mis hijos que su padre está con los infieles", dijo una mujer a CNN.

"Si liberan a los prisioneros, tal vez nuestro corazón y el corazón de nuestros hijos simpatice con ustedes", nos dijo. "Pero si no liberan a los prisioneros, el odio crecerá entre las mujeres y los niños".

Otra mujer dice que no sabe qué le pasó a su hijo adolescente detenido. La situación la ha llevado al borde de la locura. "Si no liberan a los hombres, las mujeres se volverán la mayor célula", dijo.

Extremistas y prófugos

Tras huir de Deir Ezzor hacia Al Hol con su esposa y sus hijos, hace tres años, Abdel Qader Mohammed abrió una barbería en un cuartito de cemento y ladrillos en el campamento.

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Mohammed fue uno de los primeros habitantes; llegó antes de que llegaran los que se quedaron con ISIS hasta que el grupo libró su batalla final. Es uno de los pocos hombres del lugar… y la única persona que conocimos que estuvo dispuesta a denunciar a ISIS.

"Vine para escapar de ISIS y ahora estamos en un campamento lleno de ISIS", dijo. "No podemos hablar con la gente de ISIS aquí. Hasta cuando les corto el pelo nos dicen que somos infieles".

En una de las tiendas, una mujer nos cuenta que está desesperada por salir de la atmósfera sofocante de Al Hol. Sin embargo, no hay programas de rehabilitación para la gente del campamento y no se hace nada por separar a los extremistas de quienes rechazan a ISIS.

Un grupo de chat en Telegram ha transformado al "campamento de la muerte" de Al Hol en la bandera de la lucha de ISIS. En árabe, inglés, francés y turco se detallan las "atrocidades" cometidas por los "cerdos enemigos del islam" y se hace un llamado a los "leones" (una referencia a los combatientes extremistas) del noreste de Siria a que "despierten".

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En julio, una mujer que dijo llamarse Umm Bakr al Ansariya emitió una fetua (un decreto islámico) de amplia circulación en la que exigió que las trabajadoras humanitarias musulmanas usaran el nicab y amenazó a quienes desafiaran el mandato con "castigarlas con la espada".

En ese mismo mes, se publicó un video en redes sociales en los que se veía la bandera negra de ISIS ondeando en la sección siria del campamento.

"Es una reacción a la presión psicológica a la que estamos sometidos", explicó una mujer que vive en la sección siria del campamento. "Deberían saber que se puede hacer más que izar una bandera".

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La sección de los extranjeros

En la sección extranjera del campamento, una niñita de pelo rubio corre de un lado a otro de un patio de juegos sobre un monopatín. Juega con otros niños, una combinación de europeos, asiáticos y africanos.

"¿Nos tienes miedo?", preguntó una alemana de 23 años.

"¿Debería?", contestó la niña. "Nada más pregunto", contestó, preguntándose en voz alta por qué su país no la acepta de vuelta. Dice que ya no quiere vivir bajo las reglas del llamado califato.

"Esto no es un campamento. Es una prisión", dijo.

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Los habitantes del campamento dicen que viven con miedo de los justicieros de ISIS. Otra mujer nos dice que incendiaron su tienda. Su amiga dice que le da miedo que la apuñalen, así que casi no duerme.

Una mujer extranjera ahorcó a su sobrina porque se quitó el nicab; a otra la mataron a golpes por salir de su tienda a limpiar sin nicab, explicó Karo.

Cautivos del califato

Afuera del campamento, hay una prisión controlada por los elementos predominantemente kurdos de las Fuerzas Democráticas de Siria, que cuentan con respaldo de Estados Unidos. Ahí, el panorama es sumamente diferente.

Los combatientes de ISIS que están presos toman clases de pintura y de papier mâché. Una docena de presos se inclina sobre una mesa larga y crea un estadio de futbol en miniatura, casas, autos, animales y flores.

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Los muros están tapizados con otras de las creaciones: una ciudad a escala con lucecitas, una mezquita y una iglesia.

"Estamos haciendo esto con materiales naturales", dijo entre risas Alí Othman, uno de los presos. "¿Pueden ayudarnos?".

Othman cuenta que ISIS tenía como rehenes a sus familiares en Al Raqa, la antigua sede de su poder, y lo obligaron a unirse a sus filas. Su misión era plantar bombas en otra ciudad. Un día, le dieron una bolsa de plástico que explotó y le arrancó la mano derecha. Actualmente la cubre con un guante. Está purgando una sentencia de 20 años, la pena máxima.

Aquí no hay pena de muerte y los prisioneros pueden salir antes por buena conducta. A diferencia de las autoridades de Damasco y Bagdad, las fuerzas kurdas le están apostando a la indulgencia. También están tratando de separar a los presos extremistas de quienes al parecer han dejado atrás su pasado, política que ya no se aplica en Al Hol.

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Algunos de los detenidos afirman que los arrestaron arbitrariamente. Otros dicen que son inocentes, pero que sus familiares, que eran miembros de ISIS, los entregaron. Otros, como Othman, reconocen que se unieron a ISIS, pero que no tuvieron más opción.

Rehabilitación y recuperación

Cerca de ahí, en el centro de rehabilitación de Al Houri, montones de adolescentes purgan sentencias por delitos relacionados con ISIS o porque se les detectaron tendencias radicales.

Abdulá, de 15 años, cuenta que se unió a ISIS cuando tenía doce años. Le pusimos Abdulá para proteger su identidad, pero no es su nombre real. Entrenó durante meses y luego lo despacharon en su primera misión: plantar explosivos en una base estadounidense.

"Nos dieron bombas adhesivas para ponerlas bajo los tanques de gasolina de los vehículos", recuerda. "Nos dieron chalecos explosivos y armas. Nos pusimos los chalecos, tomamos nuestras armas y luego nos pusimos nicabs de mujer para esconderlo todo".

La operación falló y terminó en prisión. Más tarde, lo transfirieron al centro de rehabilitación. "Pude distanciarme. Fue un error. Aprendí de ello", cuenta.

Otros niños muestran señas visibles de trauma. Uno de ellos, Hasán, era hijo de un emir de ISIS que solía decapitar a la gente y le daba las cabezas para que las usara como pelota de futbol. Hasán no es su nombre real.

En el centro de rehabilitación, Hasán es un ermitaño. No quiere que lo entrevisten. Musab Mohammed Khalaf, el administrador del centro, no sabe si podrá recuperarse algún día.

El centro de rehabilitación trata de brindar apoyo psicológico básico para que Hasán y los demás se recuperen. Sin embargo, tienen recursos limitados y el trauma es mayor a lo que uno puede imaginarse. Nadie sabe qué tanto pueden sacar el adoctrinamiento de ISIS de la mente de un adolescente.

"Si la situación sigue igual y los países no ayudan, ISIS regresará", advierte Khalaf. "Oímos hablar de ello, de las células latentes, se aprovechan de los niños, tratan de reclutarlos".

El campamento de Al Hol es un lugar desolado y miserable que los países desearían que desapareciera. Es un legado de la guerra de ayer.

Esa es justamente la razón por la que es tan peligroso. Si se permite que la situación degenere, este vasto campamento contiene las semillas de la próxima guerra, de la generación de la venganza de ISIS.

Tamara Qiblawi, de CNN, contribuyó con este reportaje.

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