Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Monedas del Mundial 2026, ¿símbolo nacional o sustituto de una agenda económica pendiente?

El metal puede durar siglos. El legado económico (cuando existe) dura generaciones. ¿Qué quedará grabado en la estructura económica del país cuando el último visitante se haya ido?
mié 18 febrero 2026 06:05 AM
El trofeo del Mundial 2026 elige a México para iniciar su gira por Norteamérica
El Mundial 2026 será el más grande que se haya visto y tendrá exposición global sin precedentes. Para México, que será “sede” por tercera ocasión, el desafío no es organizativo (esa capacidad está probada) sino estratégico, apunta Manuel Herrejón Suárez. (Hector Vivas/Getty Images)

En economía política, los símbolos importan. La aprobación para emitir tres monedas conmemorativas por el Mundial 2026 (una de oro, una de plata y otra bimetálica) responde a una tradición institucional plenamente válida. México, como muchas naciones, registra en el metal los momentos que considera relevantes para su historia colectiva. Es una forma de preservar la memoria, de proyectar identidad y dejar constancia material de ciertos hitos. Hasta ahí, nada que objetar.

Publicidad

El cuestionamiento surge cuando el símbolo comienza a ocupar el lugar del proyecto. Porque si algo distingue a los grandes eventos globales (y un Mundial de futbol lo es en su máxima escala) no es la memoria que dejan, sino la transformación que provocan. Por eso, la pregunta relevante no es si México debe acuñar monedas conmemorativas, sino, si tiene algo estructural que conmemorar más allá del acontecimiento deportivo en sí. Y hoy, esa respuesta no resulta del todo clara.

El valor de los gestos… y sus límites

Las monedas aprobadas, que tendrán al anverso el Escudo Nacional y al reverso el diseño que determine el Banco de México, alusivo al Mundial 2026, tendrán valor legal. Serán piezas de colección, instrumentos de resguardo patrimonial y expresiones de identidad cultural. ¡Magnífico! Desde el punto de vista institucional, cumplen perfectamente su función. Pero, desde la perspectiva económica, la que observan inversionistas, empresarios y analistas, la conversación es otra, ¿qué narrativa económica quiere proyectar México ante el mundo?

Creo que la experiencia internacional es bastante nítida. Los países que han aprovechado con mayor éxito los mega-eventos deportivos los utilizan como detonadores de transformación estructural; modernizan infraestructura urbana, fortalecen su posicionamiento turístico, impulsan innovación tecnológica y, en muchos casos, implementan reformas regulatorias que perduran mucho más allá del evento.

En esos casos, las monedas conmemorativas son la cereza del pastel, el cierre simbólico de un proceso profundo. No su punto de partida.

El Mundial como oportunidad económica real

El Mundial 2026 será el más grande que se haya visto y tendrá exposición global sin precedentes. Para México, que será “sede” por tercera ocasión, el desafío no es organizativo (esa capacidad está probada) sino estratégico.

El evento puede generar empleos, atraer inversión y ampliar derrama turística. Pero ninguno de esos efectos ocurre por inercia. Todos requieren planificación, coordinación institucional y una visión económica a largo plazo. En otras palabras, requieren política pública deliberada.

Por eso, cuando la conversación pública se concentra en la acuñación de monedas antes que en la arquitectura del legado económico, surge la inquietud en los círculos empresariales, ¿estamos administrando un evento, o estamos capitalizando una oportunidad histórica? Creo que la diferencia no es semántica. Es estructural.

Publicidad

El riesgo de confundir representación con transformación

Nuestro país posee una larga tradición numismática y una notable capacidad para convertir cultura en valor económico. Eso es indiscutible. Pero también existe un riesgo recurrente de confundir representación con transformación.

Las monedas pueden fortalecer identidad nacional, difundir cultura y estimular coleccionismo. Todo eso, positivo. Pero su alcance es simbólico por definición. Ninguna moneda mejora la seguridad. Ninguna moneda ni la movilidad urbana. Ninguna moneda moderniza aeropuertos ni redefine competitividad internacional. El metal preserva memoria, pero la política económica construye legado.

La oportunidad sigue abierta. Desde mi punto de vista, una lectura crítica no implica rechazo, sino ordenar prioridades. Emitir monedas conmemorativas es una decisión válida e incluso lógica dentro del funcionamiento institucional del Estado. Los países que entienden el valor de sus símbolos también entienden el valor de narrarse a sí mismos. Pero la secuencia importa.

Primero se construye el legado; después se conmemora.

México todavía tiene margen para hacerlo bien. El Mundial 2026 puede convertirse en un punto de inflexión económico real si se articula una agenda clara en tres frentes estratégicos, como infraestructura con retorno medible, política turística de largo plazo e integración regional efectiva en el marco de Norteamérica. Si eso ocurre, las monedas conmemorativas no serán solo piezas de colección, ¡serán evidencia tangible de una transformación económica concreta!

Lo que realmente debería quedar grabado

Las naciones no se recuerdan solo por los eventos que organizan, sino por lo que hicieron con ellos. Si México utiliza el Mundial como plataforma para fortalecer su competitividad urbana, su posicionamiento internacional y su capacidad logística regional, entonces las monedas serán algo más que un gesto protocolario, y serán cápsulas de memoria económica. Si no ocurre así, serán simplemente objetos bellos que recuerdan un momento relevante… pero no necesariamente trascendente.

El metal puede durar siglos. El legado económico (cuando existe) dura generaciones. ¿Qué quedará grabado en la estructura económica del país cuando el último visitante se haya ido? Porque eso, y no el oro ni la plata, es lo que realmente define el valor histórico de una conmemoración nacional.

Publicidad

_____

Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad