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El Partido Republicano se torna cada vez más antiinmigrante

La tolerancia de los legisladores republicano a acciones de Trump como restringir las solicitudes de asilo y hacer comentarios abiertamente xenófobos es la muestra de este giro.
jue 18 julio 2019 05:04 AM
Donald Trump, presidente de Estados Unidos
El presidente Donald Trump ha intensificado sus comentarios y sus acciones contra los inmigrantes en las últimas dos semanas.

(CNN) — Los ataques abiertamente racistas y xenófobos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra cuatro diputadas demócratas no blancas, junto con su amenaza de llevar a cabo redadas contra inmigrantes en grandes ciudades y la propuesta de restricciones a los solicitantes de asilo que anunció el lunes, 15 de julio, subrayan que pretende transformar al Partido Republicano en una coalición centrada en los electores y los lugares más hostiles a la inmigración en particular y al cambio demográfico en general en Estados Unidos.

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Las más reciente oleada de actividad representa la continuación del intento de Trump y otros republicanos electos, principalmente en las partes de Estados Unidos en las que hay menos inmigrantes, por imponer una agenda restrictiva a la migración pese a la oposición casi unánime de los demócratas electos en las zonas en las que vive la mayoría de los inmigrantes, legales e indocumentados. Aunque los republicanos del Congreso recibieron la noticia sin queja alguna, las redadas que Trump prometió suscitaron una resistencia asombrosamente franca de los alcaldes de casi todas las grandes ciudades de Estados Unidos , como Nueva York, Los Ángeles, Chicago y Houston.

Los tuits divisivos de Trump abrieron una brecha igualmente imponente entre los partidos. Los demócratas consideraron, unánime y categóricamente, que los tuits de Trump habían sido racistas y "nativistas", palabras que los funcionarios electos rara vez aplican sin inmutarse a los comentarios de un presidente en funciones. Solo unos cuantos republicanos (a los que se unieron unos cuantos más conforme avanzaba el lunes) objetaron , aunque la gran mayoría evitó hacer cualquier clase de comentario. Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur , insinuó que Trump "debería apuntar más alto", pero empeoró los insultos del presidente al decir que los demócratas son "comunistas" que "odian a nuestro país" y son "anti-Estados Unidos".

La profunda división que se suscitó esta semana entre ambos frentes, inmediatamente después de las batallas por las políticas de detenciones fronterizas de Trump que también polarizaron a los partidos y de su intento fallido de agregar una pregunta relacionada con la nacionalidad en el censo de 2020 , dejan ver que Trump está acelerando la desviación del eje de la política estadounidense, de los intereses de clase a las actitudes culturales, que se había estado gestando desde hace tiempo.

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Como he escrito en otras ocasiones, la actitud ante los cambios demográficos, culturales y económicos se ha vuelto la falla central entre los partidos . Los republicanos movilizan algo a lo que yo llamo la "coalición de la restauración", centrada en los blancos de más edad, proletarios, evangélicos y no urbanos que, según las encuestas, se sienten incómodos o asustados por las tendencias demográficas, culturales e incluso económicas fundamentales que están transformando a Estados Unidos en el siglo XXI.

Los demócratas oponen su "coalición de la transformación", misma que gira alrededor de los grupos que se sienten más cómodos con el cambio: adultos jóvenes, minorías, solteros, electores laicos y blancos con educación universitaria, mayormente concentrados en las grandes zonas metropolitanas.

"Es claro que estamos tomando un camino en el que hay un partido para los estadounidenses blancos mayores y hay otro partido para la gente de color y los inmigrantes", dijo Carlos Curbelo, ex diputado federal republicano que perdió en los comicios del año pasado en un distrito de Miami sumamente diverso. "Esto es muy peligroso. Divide peligrosamente a nuestra sociedad. Paraliza a nuestro sistema político", prosiguió.

Estas tendencias pueden remontarse a la revolución por los derechos civiles en la década de 1960 y se han acelerado considerablemente desde las elecciones sumamente reñidas de 2000. Sin embargo, el llamado abierto de Trump a las partes del Estados Unidos blanco a las que más les incomodan los cambios culturales y sociales, desde la inmigración hasta los derechos de las personas homosexuales y transgénero, pasando por el cambio de rol de las mujeres , han llevado estas tendencias a alturas insospechadas.

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El resultado es que no hay casi ningún republicano, a ningún nivel, que represente a los distritos urbanos que tienen las grandes poblaciones de inmigrantes a las que Trump ha amenazado con intensificar los operativos del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (ICE) o a las que ha denostado al pedir que las cuatro diputadas demócratas —tres de las cuales nacieron en Estados Unidos— "regresen al lugar del que vinieron" antes de criticar a Estados Unidos.

"No veo ningún plan ni estrategia serios para promover al partido en el Estados Unidos urbano", dijo Curbelo, uno de los pocos diputados republicanos que representaba a un distrito con una población numerosa de migrantes y electores no blancos. "Veo un esfuerzo muy limitado por promover el partido entre la comunidad hispana, cosa que fue prioridad en los años de George W. Bush e incluso después de la presidencia de Obama. Ahora, eso prácticamente no existe". Curbelo dijo que Trump "usa las ciudades para intensificar la guerra cultural y agitar a sus bases".

La victoria de Trump en 2016 y el apoyo constante de entre el 40 y el 45% de la población que se registra en las encuestas, muestran que hay un público considerable para su mensaje radical sobre la inmigración y el cambio demográfico en general. Sin embargo, esto tiene un costo claro. En efecto, el doloroso nacionalismo de orígenes raciales de Trump está obligando al Partido Republicano a cambiar el apoyo de los electores jóvenes por el de los mayores; a los electores laicos por los más conservadores en el sentido religioso (particularmente los cristianos evangélicos); a los votantes diversos por los blancos; a los oficinistas blancos por los obreros blancos, y a las zonas metropolitanas por las zonas no urbanas.

Lee: ¿Dejá vù? Trump inicia su campaña de reelección con el mismo discurso de 2016

Desde el surgimiento de Trump, los republicanos han consolidado su control en las comunidades rurales, semirrurales y en los pueblos. Sin embargo, esto ha ocasionado pérdidas para el Partido Republicano en las zonas metropolitanas, incluso en estados republicanos como Texas y Georgia.

El intercambio que Trump le está imponiendo al Partido Republicano fue evidente en 2016 y se intensificó enormemente en 2018.

En 2016, Trump perdió en 16 de los 20 estados en los que los habitantes nacidos en el extranjero eran la mayoría y ganó en 26 de los 30 estados en los que son minoría. Incluso en los estados relativamente diversos en los que ganó, perdió en la gran mayoría de los grandes centros urbanos, en donde suelen concentrarse los inmigrantes y otras minorías. En general, Trump perdió ante Hillary Clinton en 87 de los 100 condados más grandes por un margen de más de 15 millones de votos , según cálculos del Pew Research Center. Trump compensó estas pérdidas con los triunfos más marcados para los republicanos en varias décadas en las zonas rurales, semirrurales y en los pueblos.

En las elecciones legislativas de 2018, los republicanos tuvieron derrotas modestas fuera de los distritos metropolitanos. Además, ganaron tres escaños del Senado en estados con grandes poblaciones blancas rurales, proletarias o cristianas evangélicas: Dakota del Norte, Indiana y Missouri. Sin embargo, el partido perdió escaños de distritos metropolitanos que contienen poblaciones significativas de minorías, inmigrantes, solteros y blancos con educación universitaria. Tras las derrotas generalizadas en distritos suburbanos de todo el país, el Partido Republicano, al mando de Trump, ha quedado casi exiliado de las zonas metropolitanas dinámicas que aportan la gran mayoría de los empleos nuevos y de la derrama económica del país .

Ahora, los demócratas tienen más de cuatro quintas partes de los distritos de la Cámara de Representantes en los que las minorías superan los promedios nacionales y casi nueve de cada diez distritos con más habitantes nacidos en el extranjero que el promedio, según un análisis que CNN llevó a cabo de los datos del censo. En el Senado, los demócratas compensaron parcialmente las derrotas que sufrieron en los estados rurales y de población mayor del Medio Oeste con la adición de escaños de estados tradicionalmente indecisos como Arizona y Nevada, más diversos, jóvenes y de rápido crecimiento. El resultado fue que tras las elecciones de 2018, los demócratas se quedaron con 32 de los 40 escaños en el Senado en los 20 estados con la mayor proporción de inmigrantes, mientras que los republicanos tienen 45 de los 60 escaños de los 20 estados con la menor proporción de inmigrantes. En 2020, los dos escaños más importantes que los demócratas buscarán ganar en el Senado son de unos de los estados con mayor migración (Arizona y Colorado), mientras que Georgia, otro estado con un índice elevado de migración, será un poco más difícil. Los demócratas también pretenden quitarles el puesto a alrededor de una docena de diputados republicanos de estados con grandes poblaciones de inmigrantes.

Como los inmigrantes indocumentados suelen concentrarse en comunidades en las que hay grandes poblaciones de inmigrantes, los lugares más expuestos a la amenaza de incrementar las redadas del ICE son prácticamente todos los lugares que son hostiles a Trump y al partido a que está transformando.

El Migration Policy Institute, un organismo apartidista, estima que en 24 condados de Estados Unidos, hay al menos 70,000 inmigrantes indocumentados. Por acumulación, estos condados contienen en total a alrededor de 5.6 millones de inmigrantes indocumentados, alrededor de la mitad de los que se estima que hay en Estados Unidos (diez condados, todos situados en áreas metropolitanas, contienen a casi un tercio de la población total de indocumentados). En 2016, Trump perdió en 31 de esos 34 condados; en las elecciones al Senado de 2018, los demócratas se quedaron con dos de los condados en los que había ganado: Maricopa, en los alrededores de Phoenix, Arizona, y Tarrant, en Fort Worth, Texas.

Trump y algunos de sus partidarios han afirmado falsamente que el fraude electoral permitió que los inmigrantes indocumentados votaran en estos grandes centros urbanos y que por eso perdieron en algunos estados. Sin embargo, sería exacto decir que la aceptación de la población indocumentada en esas comunidades es parte del entramado de actitudes que los ha vuelto tan hostiles a Trump.

Estas actitudes públicas podrían explicar por qué los alcaldes de casi todas las grandes ciudades del país —los lugares en los que se concentra la población de indocumentados— se sintieron tan a gusto resistiéndose públicamente a la iniciativa de Trump. Los alcaldes de Nueva York (Bill de Blasio) y de Los Ángeles (Eric Garcetti), las dos ciudades más grandes del país, se unieron a otros alcaldes y ofrecieron ayuda jurídica a los residentes indocumentados que serían blanco de las redadas del ICE. El viernes, 5 de julio, Keisha Lance, alcaldesa de Atlanta, dijo a Poppy Harlow, de CNN , que Atlanta "cerró sus centros de detención al ICE porque no queremos ser cómplices de la separación de las familias".

En entrevista con Jorge Elorza, alcalde de Providence, Rhode Island, y copresidente del grupo de trabajo sobre reforma migratoria de la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, se dejó sentir la ferocidad de la resistencia de los alcaldes a las redadas del ICE. Dijo que eran "francamente racistas" y que Trump había mostrado sus intenciones políticas con los tuits en los que reveló el operativo. "Si se trataba de ejecutar una política pública, no le avisas a estas personas que habrá redadas", dijo Elorza. "El objetivo es […] infundir temor en la comunidad de inmigrantes en general y hacerlo de forma tal que apele a las emociones de sus bases políticas".

Elorza dijo que casi todos los alcaldes consideran que estas tácticas policiales radicales son contraproducentes para la seguridad pública porque tensan la relación entre las comunidades inmigrantes y las corporaciones policiacas. Elorza —hijo de inmigrantes indocumentados guatemaltecos, nacido en Estados Unidos— dijo que "queremos que quienes hayan atestiguado [un delito] tengan la mayor confianza posible para hablar con la Policía. Si la gente tiene miedo de acudir a la Policía, es menos probable que hablen aunque hayan sido testigos".

Muzzafar Chishti, director de la oficina del Migration Policy Institute en Nueva York, dijo en entrevista que el enfoque duro de Trump es contraproducente hasta para su objetivo manifiesto de aumentar las deportaciones. De acuerdo con Chishti, la razón es que aunque a muchos ayuntamientos les irritaron las acciones para la deportación en la presidencia de Obama, las políticas inmigratorias y el discurso brusco de Trump (incluido su intento por reducir la ayuda federal a las llamadas "ciudades santuario" que limitan su cooperación con las autoridades migratorias estatales) los han alienado completamente. Además, Chishti agregó que la cooperación de los ayuntamientos es esencial para la extracción de grandes cantidades de inmigrantes indocumentados porque el ICE detecta a tres de cada cuatro de los deportados cuando cometen alguna infracción no relacionada con la inmigración y entran en el sistema de justicia penal.

"Si quieres grandes cantidades [de deportaciones] tienes que depender de los estados y las localidades porque nuestro sistema de justicia penal es estatal y local, no federal", explicó. "Por lo tanto, necesitas su cooperación. Si no cooperan, no tendrás cifras grandes".

Sin embargo, en los gobiernos municipales está generalizada la sensación de que la agenda migratoria de Trump es, esencialmente, el intento de una coalición republicana, centrada en las partes de Estados Unidos que menos migrantes tienen, de imponer sus valores y prejuicios en las partes de Estados Unidos que más migrantes tienen.

Trump "ha sido capaz de convencer a la gente de que su forma de vida se ha visto afectada principalmente por la presencia de inmigrantes indocumentados en este país y creo que ese mensaje tiene eco, más que en ninguna otra parte, en las comunidades que no tienen contacto cercano con ellos", dijo Elorza. "Yo vivo en una comunidad en la que me consta que hay inmigrantes indocumentados. Los veo. Si llegaras a conocerlos, verías que no son una amenaza para ti. Cuando no estás expuesto a ellos, eres más susceptible de creer esta narrativa [negativa] porque el presidente de Estados Unidos te lo está diciendo".

Por otro lado, Curbelo dice que ve signos de que muchos demócratas están perdiendo la esperanza de forjar conexiones en zonas menos urbanas y menos diversas que generalmente son más escépticas ante los migrantes. "Obviamente, los republicanos no están haciendo lo suficiente para cerrar [la brecha] y francamente, los demócratas tampoco", dijo. "Se dice que algunos demócratas dicen que no queremos un candidato blanco a la presidencia; eso es tan incorrecto como escandaloso. Las bases de cada partido tienen demasiada atracción gravitatoria".

Parece que en las elecciones de 2020, la agenda y el discurso incesantemente divisivo de Trump —y la reacción demócrata intensa que han suscitado— definitivamente ampliarán el abismo entre el Estados Unidos urbano, diverso, de oficinistas y gente que acepta a los inmigrantes, en donde se centra la oposición a Trump, y sus bastiones en el Estados Unidos preponderantemente blanco, proletario, sumamente cristiano y no urbano.

Esta semana, el uso constante de términos abiertamente racistas en la Casa Blanca (como las nuevas pugnas políticas por las redadas del ICE y las solicitudes de asilo y las propuestas anteriores de Trump de medir la ciudadanía en el censo, construir un muro fronterizo, separar a los niños de sus padres en la frontera, castigar a las "ciudades santuario" y reducir la inmigración legal en un grado comparable al de la década de 1920 ) demuestra que Trump está comprometido con movilizar a su "coalición de la restauración", incluso a costa de dar bríos a la "coalición de la transformación" de los demócratas y de alienar a los electores indecisos.

Los conflictos raciales incendiarios de los años recientes han sido, probablemente, el preludio más claro a lo que vendrá en 2020 mientras los sitios que representan aquello en lo que Estados Unidos se está transformando se enfrentan a los sitios que reflejan lo que ha sido en la lucha épica por el control de los rumbos del país.

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