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OPINIÓN: La astucia del funcionario que quiere dirigir EU sin Trump

El Congreso debe citar a quienes robaron documentos del Despacho Oval para que expliquen sus actos, porque merecemos saber si tenían una buena razón, comenta Scott Jennings.

Nota del editor: Scott Jennings es colaborador de CNN; fue asistente especial de George W. Bush en la presidencia y asesor de campaña del senador estadounidense Mitch McConnell. Es socio del despacho RunSwitch Public Relations en Kentucky, EU. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - En días pasados nos hemos enterado de que ciertos miembros no electos del poder ejecutivo están obstruyendo abiertamente la voluntad política del presidente de Estados Unidos… en algunos casos desde el anonimato.

Para la izquierda política estas personas son héroes que hacen lo necesario para "preservar nuestras instituciones democráticas al obstaculizar los impulsos peor fundados del señor Trump hasta que quede fuera de la presidencia", como señaló el "alto funcionario" anónimo de la presidencia estadounidense en un polémico editorial que se publicó el miércoles 5 de septiembre en el New York Times.

El autor del editorial dijo que ha tomado estas medidas porque el presidente está actuando "en detrimento de la salud de nuestra república".

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Estas afirmaciones son alarmantes, evidentemente, por el "alto" nivel del funcionario de gobierno que supuestamente las escribió. No obstante, también son alarmantes porque un funcionario anónimo no electo está sustituyendo con su juicio el del líder debidamente electo de una república constitucional.

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El autor o la autora del editorial en ningún momento acusa al presidente de haber cometido delitos ni de traición. Esta persona dice que el presidente no es leal a "los ideales que los conservadores han propugnado desde hace mucho" y que en sus reuniones "se sale del tema y las descarrila".

Aunque coincido en que la falta de lealtad a los principios conservadores y los malos hábitos en las reuniones son muy molestos, ¿acaso son motivo para que los funcionarios no electos se pongan por encima de la voluntad del pueblo? Los electores sabían exactamente qué obtendrían con Trump, tanto en las primarias republicanas como en las elecciones generales. El presidente estadounidense tiene poco de haberse vuelto republicano y no tiene un apego particular por la plataforma tradicional del partido, como se puede ver en su postura respecto al libre comercio (que desagrada al autor del editorial), entre otras cosas.

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La verdad es que este funcionario tiene el deber de renunciar a su cargo y reportar al Congreso y al fiscal especial, Robert Mueller, cualquier conducta escandalosa de la que haya sido testigo. Ese sería el proceder adecuado en una república ordenada, a diferencia de este celo político excesivo que se contrapone a los recursos que los padres fundadores nos dejaron.

Piensen que este funcionario se está ocultando detrás de un editorial anónimo mientras sigue cobrando un cheque y disfrutando de los beneficios de tener un alto cargo en la administración federal. Perdónenme por llegar a la conclusión de que escogió el anonimato por motivos egoístas… como un seguro para proteger su currículum en caso de que Trump termine acusado de un delito, destituido o derrotado en las elecciones de 2020.

Dejemos de lado el tema de cómo nos cae Donald Trump y sus políticas. ¿Es correcto que los funcionarios no electos tomen decisiones por él? ¿Es esta la impresión que queremos darle al resto del mundo, que el orden constitucional se ha derrumbado en la democracia más duradera del mundo? Porque ese es precisamente el efecto desestabilizador que este editorial tendrá en la reputación de Estados Unidos a ojos de nuestros amigos… y de nuestros enemigos.

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Podrías perdonar a los electores por preguntarse si siguen importando. Además del funcionario anónimo que aparentemente pertenece a la resistencia interna a la presidencia de Trump, nos hemos enterado, gracias a los adelantos del próximo libro de Bob Woodward, que algunos empleados de la Casa Blanca literalmente robaron documentos del escritorio de Trump para impedir que los leyera o los firmara porque, según ellos, les preocupaba que tomara decisiones mal pensadas que dañarían al país.

En el caso de Woodward sabemos el nombre de algunos de los empleados que participaron en lo que él llama "un golpe de Estado administrativo". El Congreso debe citar a comparecer a quienes robaron documentos del Despacho Oval para que expliquen sus actos porque merecemos saber si tenían una buena razón, fuera de las diferencias ideológicas con su jefe.

Hay quien compara a este editorialista con John Dean, el consejero de la Casa Blanca que se puso en contra de su jefe, Richard Nixon. Pero Dean al menos tuvo el honor de hacerlo abiertamente. Ponerles nombre a las quejas tiene más peso porque va respaldado de cierta dosis de valor.

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Estoy de acuerdo con el editorialista y con algunos de los antiguos asesores de Trump a quienes Woodward evidenció en que ciertos impulsos de Trump en cuestiones de comercio y política exterior están mal fundados. Al igual que el editorialista, soy tan solo uno de los casi 139 millones electores que salieron a las urnas en 2016.

Nuestra democracia se basa en que todos estemos de acuerdo en acatar los resultados del Colegio Electoral en las elecciones presidenciales y esto va para todos… incluso para quienes trabajan en el gobierno federal, en cargos de designación directa.

Los padres fundadores crearon tres herramientas para detener a un presidente fuera de control: elecciones, juicio de destitución y la invocación de la 25 Enmienda. El editorialista del Times reconoció que nadie de la presidencia de Trump "quiere precipitar una crisis constitucional" invocando esta enmienda, que permite la remoción de un presidente. Esto me dice que las preocupaciones del autor no están tan generalizadas como para organizar un golpe contra el presidente sancionado por la Constitución.

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Esto nos deja el juicio de destitución y sospecho que los demócratas de la Asamblea de Representantes lo buscarán en enero si se hacen con el control de la cámara en las elecciones de noviembre. Lo raro es que los líderes demócratas seguramente no creen que el juicio de destitución contenga un mensaje positivo porque tratan de evitar el tema en las campañas pese a que sus bases quieren tirar a Trump al río Potomac.

Es verdad que Donald Trump ha hecho cosas indefendibles, como sus comentarios sobre los supremacistas blancos tras los acontecimientos de Charlottesville y su conferencia de prensa desastrosa con Vladimir Putin. Su presidencia también ha hecho cosas, como reconoce el editorialista, que han sido buenas para el país (aunque el autor se pregunta si Trump fue responsable de estos sucesos positivos).

Pero sin importar si estamos de acuerdo o no con los errores personales o políticos de Trump, los actos de este editorialista no electo (y de quienquiera que se le haya unido en la "resistencia" interna a este presidente) dan una impresión terrible. El autor se queja de que Trump está socavando las instituciones, pero no estoy seguro de que esté haciendo algo para fortalecerlas contraviniendo a la Constitución.

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El autor haría bien en ver la situación a través de los ojos del elector promedio del centro de Estados Unidos que eligió a Trump hace menos de dos años. Es muy probable que esa persona crea que la economía va muy bien, que el optimismo está en auge, que el presidente ha elegido a jueces buenos y que incluso el Congreso está funcionando eficientemente en un supuesto entorno caótico.

Hay formas mejores de manejar esto, más allá de señalar que las elecciones y que nuestra Constitución han perdido su utilidad como motor del cambio. Tal vez sería más prudente dejar que pasen las elecciones para que los electores puedan evaluar los hechos y emitir su juicio que darle la vuelta al orden constitucional establecido que ha servido bien a nuestra república.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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