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Las revelaciones del proceso de destitución complican la defensa de Trump

El cambio en la declaración de Gordon Sondland debilita la estrategia del partido republicano para apoyar al presidente estadounidense.
mié 06 noviembre 2019 04:25 PM
Impeachment hearings at the U.S. Capitol
El testimonio corregido de Sondland dio armas para desmantelar la defensa de Trump: que no había retenido la ayuda al gobierno ucraniano para obligarlo a abrir una investigación sobre Joe Biden

(CNN)- La defensa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el proceso de destitución que se le sigue , se está cayendo tabla por tabla por las declaraciones de algunos de los funcionarios de su administración, quienes se han visto envueltos en su estratagema para presionar a Ucrania a cambio de favores políticos.

Un revés dramático provino de Gordon Sondland , donador republicano vuelto diplomático que ahora dice que se necesitaba que Kiev diera algo a cambio de que se liberara la ayuda militar; el anuncio cimbró a Washington el martes, 5 de noviembre, y debilitó la estrategia del Partido Republicano .

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En la declaración, que publicaron los investigadores del proceso de destitución, el embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea también declaró que asumió que sería "ilegal" que el solucionador de problemas y abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, presionara a Ucrania para que investigara a los oponentes políticos del presidente de Estados Unidos.

El testimonio corregido de Sondland dio muchas armas para desmantelar la defensa central y reiterada de Trump: que no había retenido la ayuda al gobierno ucraniano para obligarlo a abrir una investigación sobre Joe Biden y que cualquier insinuación en contrario simplemente es una alucinación "enloquecida" de los detractores de Trump.

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Sin embargo, en su declaración reconoció repetidamente que no recordaba qué había pasado ni conocía las motivaciones de los personajes clave, signos de que podría estar intentando proteger a Trump.

Dado el partidismo político anquilosado del Congreso, también hubo indicios de que es poco probable que las declaraciones, sin importar lo dañinas que sean para Trump, pongan en su contra a un partido interesado en sus bases políticas y lo lleven a evaluar si lo echan de la presidencia.

Pese a todo, Sondland no fue el único alto diplomático que contradijo la versión de los hechos de Trump en el segundo día de publicación de testimonios que amenazan con transformarse en una tortura política lenta para la Casa Blanca.

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Kurt Volker, ex enviado de Estados Unidos a Ucrania, amenazó a otro de los pilares de la defensa de Trump: que la llamada del 25 de julio al presidente de Ucrania, que según Trump fue "perfecta", fue en realidad una "sorpresa" y "extremadamente desafortunada".

Las revelaciones del martes fueron un giro crítico en una investigación que está por entrar en una fase pública y que podrían exponer aún más a Trump y a sus planes por reelegirse en 2020.

Al parecer, estas revelaciones debilitaron considerablemente el argumento de la Casa Blanca, que afirma que no hubo ningún quid pro quo con Ucrania y que, por lo tanto, no hay abuso del poder presidencial que amerite el procedimiento de destitución.

'Una revelación muy seria'

De inmediato, los demócratas aprovecharon los acontecimientos del martes para afirmar que se le había hecho un boquete devastador a la defensa de Trump.

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"Es una revelación muy seria tanto para el embajador Sondland como, francamente, para el presidente Trump y sus defensores republicanos", dijo Gerry Connolly, diputado por Virginia, a Wolf Blitzer, de CNN.

"La defensa completa del presidente Trump y de sus seguidores republicanos, quienes afirman que no hubo quid pro quo, se ha derrumbado".

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La lista de testigos crece e incluye al máximo diplomático en Ucrania, William Taylor, y a Tim Morrison, colaborador del Consejo de Seguridad Nacional, quienes han declarado que la apertura de investigaciones políticas en Ucrania estaba ligada a la entrega de 400 millones de dólares en ayuda y a una posible reunión de Trump con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.

Es probable que haya más revelaciones dañinas en los próximos días ahora que los demócratas presiden la publicación de los testimonios que se han rendido tras puertas cerradas en preparación para las audiencias públicas del proceso de destitución.

Las pruebas que aportaron Sondland y Volker no fueron lo único dañino de los días pasados para Trump y sus tropas leales en el Capitolio.

En cientos de páginas de transcripciones se muestra que los legisladores republicanos y los abogados pasaron horas interrogando a los testigos en los días de las audiencias pese a que se quejaron de que los habían dejado al margen del procedimiento, otro de los pilares de las objeciones del Partido Republicano al proceso de destitución.

Por otro lado, cada vez hay más pruebas de que la estratagema de política exterior paralela de Giuliani, que inició hace varios meses, debilita los argumentos de Trump, que se centran en dos eventos en particular —la llamada a Zelenski y el informe del denunciante — como únicos puntos significativos del escándalo.

Hubo un momento en el que Sondland le complicó las cosas aún más al secretario de Estado, Mike Pompeo, quien al parecer sabía de la estratagema de Giuliani y no hizo nada para impedirlo : "Pompeo hizo una mueca de fastidio y dijo: 'Sí, es algo con lo que tenemos que lidiar'".

La Casa Blanca reaccionó a los acontecimientos del martes en la forma habitual: la secretaria de Prensa, Stephanie Grisham, ignoró la existencia de los hechos recién revelados.

"Sin importar cuántos titulares tendenciosos y obscenos haya —que evidentemente están diseñados para influir en la narrativa—, no cambia el hecho de que el presidente no ha hecho nada malo", dijo.

Sin embargo, Grisham también aprovechó que Volker declaró que no estaba al tanto de la existencia de un intercambio con Ucrania y que creía que el nuevo gobierno en Kiev tampoco sabía que se estaba reteniendo la ayuda. También señaló que Sondland no relacionó directamente a Trump con la demanda de un quid pro quo.

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"Las dos transcripciones que se publicaron hoy indican que hay aún menos pruebas para este proceso de destitución ilegítimo de las que antes se pensaba", dijo Grisham en un comunicado.

El comentario de Grisham quedó debilitado por las mismas declaraciones de Sondland, ya que ahora declara que le dijo a un colaborador de Zelenski que la asistencia en seguridad sí estaba relacionada con el anuncio de una investigación pública.

McConnell se mantiene firme

Chris Coons, senador demócrata por Delaware, dijo en el programa The Situation Room de CNN que dado el perfil de Sondland, su testimonio corregido es aún más significativo y dañino para Trump.

"No se trata de un denunciante anónimo. No se puede argumentar que es un acto de un oponente de Trump en el Estado profundo", dijo Coons. "Gordon Sondland, embajador ante la Unión Europea, fue un importante donador republicano y partidario del presidente Trump".

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Al parecer, las revelaciones del martes hirieron a Trump en el entorno basado en los hechos de la investigación del proceso de destitución, pero su futuro político se desarrolla ante públicos diversos. Por un lado, los demócratas ven más pruebas de culpabilidad; por otro, parece que lo más probable es que los legisladores republicanos recurran a una nueva serie de argumentos. De alguna manera, podrían intentar argumentar que como Sondland no implicó a Trump en el quid pro quo, podría haber estado actuando por iniciativa propia o bajo las órdenes de alguien más. También pueden intentar modificar el argumento diciendo que el intercambio no es ilegal y que es una realidad en la política exterior, argumento que blandió Mick Mulvaney, jefe de despacho de la Casa Blanca en octubre y del que se retractó rápidamente.

También podrían recurrir al último recurso de decir que la conducta de Trump podría no ser aceptable pero no es causal de destitución, aunque eso podría hacer enfurecer a un presidente que insiste en que no hizo nada malo.

Sin importar lo que digan, es poco probable que los acontecimientos del martes cambien la dinámica política que se impone en el entorno tribal partidista de Estados Unidos aunque cambien el contexto jurídico y lógico de la investigación del proceso de destitución.

"Estoy muy seguro de cómo es probable que termine. Si esto fuera hoy, no creo que habría duda alguna de que no terminaría en la remoción", dijo el martes Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, refiriéndose a las posibilidades de que haya un juicio de destitución en el Senado.

Eso no significa que los republicanos no estén sufriendo. Una fuente cercana a la Casa Blanca, quien habla regularmente con Trump, hizo una evaluación muy desalentadora en entrevista con Jim Acosta, de CNN, luego de las elecciones del martes en Virginia y Kentucky, en donde los demócratas obtuvieron triunfos sólidos.

"Totalmente malo. Kentucky y Virginia le indican al Partido Republicano que están subestimando la intensidad de los electores en contra de Trump y eso podría ser terrible para ellos el año próximo", dijo la fuente. "Mal augurio para el proceso de destitución", añadió.

Sin embargo, la dinámica política del proceso de destitución es difícil de descifrar a estas alturas. Sin importar lo perjudiciales que sean, es poco probable que las revelaciones afecten el poder que Trump tiene sobre sus bases políticas, mismo que se afianza con el argumento —que volvió a presentar la noche del lunes, 4 de noviembre, en Kentucky— de que las tácticas demócratas son los actos "enloquecidos" de un partido que quiere revocar unas elecciones.

Además, las encuestas recientes indican que en los estados oscilantes, en los que se decidirá si sirve un segundo periodo, la opinión pública está muy dividida respecto a si habría que someterlo al proceso de destitución y retirarlo del cargo.

No obstante, el testimonio de Sondland sirvió para tener una idea de que las declaraciones comprometedoras de los testigos cercanos al presidente podrían debilitar su argumento respecto a Ucrania y a su proceder incorrecto. Eso podría provocar que los electores moderados, a los que Trump también necesitará dentro de un año, cambien de opinión.

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