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Nuestras Historias

El equipo de Trump se equivocó al creer que Ucrania era una presa fácil

Los colaboradores del presidente cometieron un error de cálculo político cuando intentaron presionar al país europeo para que abriera investigaciones contra Joe Biden.
mié 22 enero 2020 05:04 AM
Coincidencia
El juicio político a Trump empieza poco antes de que se cumplan 15 años de la Revolución Naranja de Ucrania.

Nick Paton Walsh

Fue la peor esquina para una venta de drogas.

Es probable que los colaboradores del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, creyeran que Ucrania —cuyo nombre significa "frontera" y que al perder el artículo "la", hace apenas tres décadas, comenzó su vida nacional post-soviética— era un sitio fácil para una extorsión. Podrida por la corrupción y la pobreza, parecía que estaba acostumbrada —incluso abierta— a los actos explícitos de lo que, para algunos, podría llamarse cohecho… una blandengue.

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El juicio político contra Donald Trump inició este martes 21 de enero. Todo comenzó tras una campaña de varios meses para lograr que Ucrania investigara a un rival político. Obviamente, este fue un error de cálculo terrible.

Primero es el cinismo. Los ucranianos están acostumbrados a que los traicionen por poder, particularmente Moscú, su antiguo amo imperial, siempre renuente a ceder sus feudos. Incluso el propio asesor de seguridad nacional de Trump en ese entonces, John Bolton, dijo —según cuentan— que la campaña para presionar a Ucrania para que investigaran al ex vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y a su hijo , era "una venta de drogas", impuesta a un presidente ucraniano novato cuya elección marcó un distanciamiento electoral extraordinario con un pasado corrupto de oligarcas y la misma élite política caníbal que echó abajo al país durante su independencia reciente.

Sí, el presidente Volodímir Zelenski tuvo un patrocinador milmillonario durante su campaña presidencial. Pero hasta ahora, ha evitado dejar huellas evidentes de su lealtad a Igor Kolomoiski y consentir a las élites políticas ucranianas, como es usual; ha preferido conservar su imagen de neófito, dirigiéndose a los electores a través de una transmisión en vivo por Instagram mientras suda en una caminadora.

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Imagina que esta es tu primera interacción real con la única superpotencia del mundo y que su comandante supremo trata —por la línea directa presidencial— de convencerte de investigar al hijo de su rival político . A cambio, recibes ayuda militar estadounidense que pensabas que ya tenías y que necesitas para sobrevivir a la lucha contra un vecino invasor autoritario (que por cierto se lleva de maravilla con el hombre que vive en la Casa Blanca y que está al otro lado de la línea). Incluso en Kiev, cuyo nombre ni siquiera puedes deletrear sin revelar tu postura después de décadas de abuso soviético, eso fue un golpe muy bajo.

También fue una maniobra de aficionado. La corrupción en la antigua Unión Soviética no es una experiencia a la que puedes llegar así nada más. No llegas torpemente, como si nada, con una maleta llena de dinero y te vas diez minutos después con un trato sellado con un apretón de manos. Es profundamente local y tiene que ver con alianzas que se cuecen a fuego lento, rencores familiares y viejos enemigos; suele ser tan compleja que se vuelve incomprensible, incluso para quienes están involucrados. Los extranjeros suelen carecer de toda sensibilidad ante estas sutilezas y son —como lo demuestra la conducta de Rudy Giuliani en Kiev — una mala elección para socio conspirador.

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El pasado infernal de Ucrania la ha dejado habituada a los mafiosos aficionados. El juicio político a Trump empieza poco antes de que se cumplan 15 años de la Revolución Naranja de Ucrania. El 23 de enero de 2005, Víktor Yushchenko tomó posesión de la presidencia. Era el candidato que quedó con el rostro lleno de cicatrices luego de que lo envenenaran misteriosamente y que más adelante encabezó las protestas callejeras con las que derrotaron al candidato pro-Rusia.

La Revolución Naranja fue la primera "revolución de color" pacífica que combatió los intentos de Moscú por mantener el control de una antigua república soviética. Desde entonces, Ucrania ha pasado por mucho más que un presidente envenenado… más de lo que soportaría la mayoría de los países.

Yushchenko se hundió rápidamente en la corrupción y Ucrania volvió a recurrir a un candidato pro-Rusia cuando Víktor Yanukóvich regresó a tropezones al poder en 2010. Balanceó el péndulo exageradamente hacia Moscú en 2014 al retirarse de un tratado con la Unión Europea, cosa que desencadenó protestas masivas . Estas fueron violentas, más aún cuando la Policía antimotines, armada con rifles AK-47, empezó a dispararles a los manifestantes, que iban armados con simples escudos de madera —y, más tarde, rifles de caza— en la masacre de la plaza Maidán en Kiev .

A esto le siguió la segunda revolución en una década. Yanukóvich huyó a Rusia y los ucranianos tomaron su dacha vacante, llena de riquezas tales como una hogaza de pan de oro y un rancho de avestruces, mismos que se negaron a saquear porque, como me dijeron, "eso fue lo que él les hizo".

Luego, una Rusia iracunda los invadió dos veces: primero en Crimea y luego en Donetsk . El mundo respondió con sanciones, pero nada de ayuda militar real. El Ejército ucraniano minúsculo, mal equipado e infiltrado por los rusos se reagrupó y echó a los separatistas de ciudades como Sloviansk. Moscú tuvo que enviar soldados para tomar lugares estratégicos como Debaltseve en 2015, antes de que la guerra cayera en el espantoso estancamiento febril actual. Murieron unas 13,000 personas, muchas más quedaron desplazadas y el centro industrial, en el este del país, quedó inhabilitado, tal vez permanentemente.

En pocas palabras, la propuesta del equipo de Trump partía del supuesto de que la familiaridad de Ucrania con la corrupción le había restado sofisticación; que la terrible lucha de 15 años por la independencia y el fin de las tinieblas post-soviéticas implicaban que el presidente inexperto que nada más había hecho el papel de político en una serie de televisión , simplemente accedería a investigar a Hunter Biden cuando se lo pidieran.

Si necesitas más pruebas de que el equipo de Trump estaba tratando de hacer un negocio en el barrio equivocado, compara la reacción de los estadounidenses con la de los ucranianos cuando quedan expuestos. La mayoría de los funcionarios ucranianos simplemente ha desaparecido; los reporteros rara vez los acosan en su puerta y han ofrecido poca información comprometedora que agregar al desastre; Zelenski casi no ha dicho nada al respecto. Los seguidores de Trump casi no pudieron dejar de hablar durante un rato y el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, incluso habló de una misteriosa "póliza de seguro" que tenía en alguna parte.

Trata también de sentir la incredulidad de la clientela del restaurante de Kiev cuando se dieron cuenta de que acababan de ver a un embajador de Estados Unidos hablando por celular con Trump en público sobre las posibles investigaciones. Trata de imaginar la reacción de los ucranianos comunes, quienes han vivido durante décadas con la posibilidad de que la KGB y sus sucesores tengan intervenidos sus teléfonos, al enterarse de que unos mandaderos vagamente relacionados con Trump estaban intercambiando despreocupadamente mensajes de texto sobre la vigilancia a la máxima diplomática estadounidense en el país. Seguramente no podrían creerlo.

El arte de la corrupción en los países post-soviéticos consiste en fingir que es imposible que exista, que nada más tu salario de funcionario público y tus proezas pasadas como empresario te permiten enviar a tu hijo a estudiar a Eton y ponerle departamento a tu amante en Central Park. Estos estadounidenses eran una simple compañía de cómicos, que llevaban flores que echan chorros de agua a una clase magistral sobre corrupción.

Así, probablemente sea muy adecuado que conforme transcurre el juicio a Trump , la ayuda militar estadounidense siga fluyendo. Zelenski sigue siendo presidente y al parecer pudo evadir esta bala. Los ucranianos se quedaron preguntándose qué fue todo esto y luego volvieron a sus penurias cotidianas.

¿Cuál ha sido la única investigación pertinente que se ha abierto en Ucrania? La de la presunta vigilancia a la embajadora estadounidense que se resistió y a la que parece que Trump retiró del cargo: Marie Yovanovitch , cuyos padres huyeron de los soviets y de los nazis, que creció hablando ruso y que se volvió ciudadana estadounidense a los 18 años.

Se suponía que Ucrania era un blanco fácil, pero simplemente escupió esta "venta de drogas".

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